
Este arte se conoce a partir del
siglo sexto fuertemente enraizado en el mundo helenístico como
continuación del arte paleocristiano oriental.
Al Imperio de Oriente se le denominará Imperio Bizantino porque
Constantinopla era una antigua colonia griega fundada en el Bósforo en el
siglo siete llamada Bizancio. Se le conoce como el imperio de las
artes.
El icono bizantino estaba dentro de los
templos en las paredes o como una figura específica de culto a través de
pequeñas tablas portátiles de veneración.
Los iconos tuvieron un gran
desarrollo con la evangelización de los cristianos.
Como materiales se
usan tablas con un fino acabado, pan de oro, pintura al temple (pigmentos
muy finos y huevo) e imagen elegida. Se debe respetar su forma se hacerlo,
tal como se pintaba desde sus comienzos.